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| La final tiene tinta sobre los robots para oscurecerlos |
El taller era un desastre. Tirado por toda la sala había un despliegue de herramientas y piezas de proyectos inacabados. En una esquina, la encantatriz dormitaba apoyada sobre la mesa con un frasco en mano de lo que debió ser una poción o seguramente un destilado casero alcohólico.
- Victoria, Victoria, debe despertar, llega tarde. -
Una
pequeña bola negra metálica se acercó flotando a la escena chisporroteando
energía mágica, seguida por otras dos, mudas, de color cobrizo.
La encantatriz solo masculló unas palabras mientras
intentaba incorporarse. Las bolas cobrizas, como si siguieran órdenes
silenciosas de la negra, extendieron brazos metálicos y sujetaron a la maga por
los brazos de manera gentil para ayudarla a sentarse apropiadamente sobre el
asiento.
- ¿Qué hora es Pelota Wilson 1? -
- Es pasado el mediodía en 1 minuto. Hace 1 minuto que
debería haberse despertado -
- ¡Puta pelota con habla! - fue lo primero que salió de la
Encantatriz en dirección hacia el pequeño constructo volador, lo segundo fue el
frasco que tenía entre las manos el cual fallo y se estrelló de contra la pared.
